La laurisilva de La Gomera, escenario de leyendas

Historia y Mito · La Gomera

Leyendas de La Gomera

La memoria de la isla

Historias que dan alma a La Gomera

Desde las propiedades mágicas del manantial de Epina hasta la resistencia de los últimos guerreros guanches, estas leyendas forman la memoria colectiva de La Gomera.

Leyenda de los Chorros de Epina
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Leyenda de los Chorros de Epina

"Los siete chorros de madera del manantial de Epina conceden fortuna y amor a quien beba de sus aguas siguiendo la tradición."

El origen de los chorros de Epina es, como muchas cosas en La Gomera, misterioso e incluso místico. Enclavados en plena naturaleza, a unos pocos cientos de metros del caserío de Epina, la tradición popular ha llegado a considerar que su agua tiene propiedades curativas. También se cree que quien bebe el líquido que mana de sus caños de madera se verá beneficiado por la fortuna y el amor. Hubo un tiempo en que se creía que el agua que manaba de los chorros de Epina era milagrosa y, entre sus poderes, se le atribuía el poder de descifrar los secretos del destino y mostrar el camino del amor. Solo había que mirarse en este líquido prodigioso: si el agua se mantenía tranquila y clara, eso significaba que el amor pronto llegaría trayendo felicidad. En cambio, si al mirarse el reflejo se enturbiaba, era signo de desgracia y desamor. En la actualidad, los chorros de Epina los forman siete caños de madera. Cuenta la tradición que para beneficiarse de los poderes del agua, se debe beber de izquierda a derecha: los hombres de los chorros impares y las mujeres de los pares. Los dos primeros chorros corresponden a la salud, los que le siguen al amor y otros dos a la fortuna. El último, el número siete, es del que beben las brujas.

Leyenda de Gara y Jonay
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Leyenda de Gara y Jonay

"La historia de amor más popular del folclore canario: dos jóvenes aborígenes de islas distintas cuyo amor prohibido terminó en tragedia en las cumbres de Garajonay."

La leyenda de Gara y Jonay es una de las historias más populares del folclore de las Islas Canarias. El relato narra la historia de dos jóvenes aborígenes que acabaron su vida en el Alto de Garajonay, en La Gomera. Gara era una princesa de Agulo, en La Gomera, que acudió a los Chorros de Epina para conocer su destino y al ver el reflejo en el agua quedó aterrorizada por el oscuro presagio que vislumbró. Jonay era un príncipe procedente de Tenerife, de cuyo volcán —el Teide— manaban ríos de fuego según la leyenda. Su amor fue considerado un mal augurio por los sabios de ambas islas: el encuentro de agua y fuego presagiaba desastre. Los padres se opusieron a su unión y ordenaron separarlos. Pero Gara y Jonay, incapaces de vivir el uno sin el otro, decidieron encontrarse en el punto más alto de La Gomera. Allí, abrazados, se clavaron una estaca de madera de laurel para morir juntos antes de ser separados. En su honor, el pico más alto de La Gomera lleva el nombre de Garajonay (1.487 m), hoy Parque Nacional y Patrimonio de la Humanidad. La primera versión escrita de esta leyenda fue publicada en 1924 por Francisco Pedro Montes de Oca y García.

El Árbol de las Brujas
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El Árbol de las Brujas

"En el corazón de la laurisilva gomera se esconde un aderno centenario al que la tradición atribuye poderes mágicos y al que acudían las brujas de alcurnia de Vallehermoso."

La isla de La Gomera es un territorio mágico. Con un bosque mágico —la laurisilva— preñado de historias tan viejas como sus árboles únicos. En un lugar así, imagínense cómo será Vallehermoso, una de sus localidades más increíbles. Adéntrense entonces en su monte nebuloso hasta acercarse a una fuente misteriosa de siete caños tallados en madera, los Chorros de Epina. Y allí, entre el rumor del agua y del viento alisio agitando la bóveda vegetal, recuerden el refrán gomero: 'Si bebes de los siete caños / te casas antes de un año'. Brujas, auténticas brujas eran las damas de alta alcurnia de Vallehermoso, caprichosas hasta el límite de exigir a sus sirvientas el esfuerzo de invertir todo un día de dura caminata para traerles la preciada agua de esa fuente supuestamente medicinal. Sabedoras de lo sencillo de la falsificación, exigían a las niñas encargadas del transporte una incontestable prueba: junto con el cántaro lleno debían mostrar la hoja de un aderno (Heberdenia excelsa), un raro árbol de la laurisilva del que, según se creía, sólo existía un único ejemplar en la isla, precisamente en las inmediaciones del manantial. Considerado cuento de viejas durante décadas, se pensó que tal árbol era una invención popular. Hasta que junto con un amigo lo redescubrió el geógrafo César Palacios hace muy poco tiempo. Viejo, muy viejo, pero vivo. El árbol, cubierto de musgo y helechos, sigue en pie como testigo silencioso de siglos de historia y leyenda gomera.

Leyenda del Aderno
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Leyenda del Aderno

"Un aderno centenario junto a los Chorros de Epina era la única prueba que podían llevar las sirvientas para demostrar que habían llegado al manantial mágico."

El manantial de los Chorros de Epina comprende siete caños superiores y otro inferior, todos tallados en madera de brezo. A unos 200 metros antes de llegar a la fuente, siguiendo el camino hacia Arure (sendero GR-132), se encontraba el aderno protagonista de esta leyenda. Según la tradición oral, las señoras adineradas de Vallehermoso mandaban a sus sirvientas a buscar el agua del manantial por sus supuestas propiedades curativas. Para verificar que las muchachas habían llegado realmente hasta allí, exigían una prueba indiscutible: una hoja de aderno (Heberdenia excelsa), un árbol rarísimo de la laurisilva del que, según se creía, solo existía un único ejemplar en toda la isla, precisamente en las inmediaciones del manantial. En enero de 2014, el ingeniero técnico forestal Juan Guzmán Ojeda documentó este ejemplar centenario ya sin hojas, mostrando su nudoso esqueleto leñoso —de más de un metro de diámetro— cubierto de musgos, helechos, líquenes y pequeñas plantas suculentas. El árbol había muerto por causas naturales. Los guías del parque confirmaron que existen otros adernos en la zona, desmintiendo la creencia popular de que era el único ejemplar de la isla. Pero la tradición oral lo había hecho único, señalando sus hojas de forma peculiarly retorcida como algo imposible de falsificar. De ahí la leyenda.

Leyenda de la Laguna Grande
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Leyenda de la Laguna Grande

"Una laguna misteriosa en el corazón de la laurisilva donde la vegetación no crece, el tiempo se distorsiona y se escuchan voces y músicas inexplicables."

En la parte central de La Gomera existe una laguna de unos 800 m² dentro del bosque de laurisilva en la que no nace prácticamente nada. Algunos creen que fue la boca de un cráter; otros atribuyen su infertilidad a períodos prolongados de inundación. El texto documenta rituales antiguos realizados por gomeros hasta los años cincuenta, especialmente durante las noches de San Juan, donde se reunían en el monte para tocar y bailar sin ser vistos. Se relatan varios casos paranormales: Antonio Mendoza observó cómo las piedras que siempre hubo allí aparecían repartidas en toda la explanada y luego apiladas en grandes montones a modo de pirámides. Saturnino Arzola reportó sentir golpes mientras pasaba con sus cabras sin que hubiera nadie. Lo más inquietante son los casos de distorsión temporal: un vecino perdió más de diez horas sin notarlo; otro experimentó que 140 metros le tomaron más de seis horas en recorrer. Muchos residentes reportan oír música, risas y cantos de mujeres en el lugar sin encontrar explicación alguna. La laguna, lugar de reunión de brujas según la tradición, sigue siendo uno de los rincones más misteriosos de La Gomera.

Hautacuperche
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Hautacuperche

"El guerrero aborigen gomero cuyo nombre significa «el que lleva consigo la felicidad», ejecutor de Hernán Peraza el Joven en la Rebelión de 1488."

Hautacuperche fue un guerrero aborigen gomero, protagonista de la conocida como «Rebelión de los Gomeros» de 1488, así como ejecutor de Hernán Peraza el Joven, señor territorial de la isla. Bautizado como Pedro Hautacuperche, su nombre aborigen ha sido traducido por diversos autores como «el que lleva consigo la felicidad», «nacido con buen presagio», «el dichoso» o «el afortunado». Hautacuperche era pariente próximo de la aborigen Yballa, amante de Hernán Peraza. En 1488 los gomeros decidieron acabar con su señor al entender que este había violado el pacto que había hecho con ellos manteniendo relaciones con Yballa. Cuando Peraza salió de la cueva de Guahedun al encuentro de los gomeros, Hautacuperche lo atravesó con una lanza, matándolo. Los gomeros iniciaron entonces el asedio a la Torre del Conde en San Sebastián. Hasta tres veces asaltaron los rebeldes la torre dirigidos por Hautacuperche sin conseguir romper sus defensas. En las refriegas el guerrero gomero hacía alarde de su agilidad, pues cogía al vuelo las saetas y piedras que le lanzaban y las devolvía. Apercibidos los castellanos, uno amagó un disparo para distraerle mientras otro le disparaba con su ballesta desde la saetera de la torre, acabando así con el caudillo rebelde. Su muerte debilitó el ánimo de los rebeldes, que dejaron el sitio y se alzaron a las cumbres de la isla.

La Rebelión de los Gomeros
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La Rebelión de los Gomeros

"El levantamiento aborigen de 1488 en el que los gomeros dieron muerte a Hernán Peraza el Joven, el acontecimiento más importante de toda la historia de la isla."

La Rebelión de los Gomeros es un episodio histórico acaecido en La Gomera en 1488, durante el cual los aborígenes de la isla dieron muerte al señor territorial Hernán Peraza el Joven. Es el acontecimiento más importante de toda la historia de la isla, no sólo por la enorme trascendencia que tuvo para sus habitantes, sino porque ha conseguido sobrevivir en la memoria colectiva de los gomeros a través de la tradición oral. El 20 de noviembre de 1488, a raíz de la ejecución de Hernán Peraza en Aguahedun, se produjo en La Gomera una rebelión que, por su trágico final, significó para los gomeros el fin definitivo de su condición de pueblo libre. Hernán Peraza el Joven interpretó el pacto de colactación con los bandos gomeros como vasallaje, incumpliéndolo con cautiverios y relaciones prohibidas con Yballa. Los líderes gomeros se reunieron, ordenaron la detención del señor y Hautacuperche lo ejecutó en la cueva de Aguahedum. La respuesta castellana fue brutal: bajo el mando de Pedro de Vera, llegaron refuerzos desde Gran Canaria. Mediante un engaño religioso, convocaron a los gomeros a una misa y allí procedieron a ejecutar a los varones mayores de quince años y a vender como esclavos a mujeres e hijos. Fue uno de los episodios más crueles de toda la conquista canaria.

Degollada de Peraza
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Degollada de Peraza

"En la cueva de Guahedun, donde se reunían en secreto Hernán Peraza e Iballa, el guerrero Hautacuperche le tendió una emboscada y le dio muerte, desatando la Rebelión de los Gomeros."

Cuando los conquistadores llegaron a La Gomera, la isla estaba dividida en cuatro cantones que se intercambiaban miembros para contraer matrimonio. Hernán Peraza participó en un pacto de hermandad con los miembros del cantón de Orone, pero a pesar de los acuerdos, impuso su tiranía sobre los gomeros. Iballa era una joven aborigen con quien Hernán Peraza mantenía una relación prohibida que violaba el pacto sellado con los nativos. Iballa y Hernán Peraza se veían en la cueva de Guahedun, situada en la actual Degollada de Peraza, y es allí donde Hautacuperche le tendió una emboscada y le dio muerte. Tras el asesinato, Hautacuperche atacó la Torre del Conde en San Sebastián, siendo abatido durante las refriegas. Beatriz de Bobadilla, viuda de Peraza, buscó venganza a través de Pedro de Vera. La represalia fue brutal: los varones de los cantones rebeldes mayores de quince años fueron ejecutados o vendidos como esclavos en los mercados de la Península, en uno de los episodios más crueles de la conquista de las Islas Canarias.

La Leyenda de la Gomerita de Erque
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La Leyenda de la Gomerita de Erque

"La historia de Tebuche, una niña gomera raptada en 1495 y subastada como esclava en Sevilla por 6.000 maravedíes."

La gomerita de Erque fue raptada por soldados castellanos de Beatriz de Bobadilla en 1495, introducida en bodegas, conducida con otros niños de las islas hacia España y, el 23 de abril de 1495 en una plaza de Sevilla, subastada a Alonso García Espartero por 6.000 maravedíes. Tebuche era una niña de nueve años del barranco de Erque. La mañana era soleada, tranquila y silenciosa cuando soldados castellanos irrumpieron en el barrio. Su padre Chinoaue intentó resistir pero fue abatido. La niña fue arrancada de su familia, embarcada junto a otros niños de las islas y transportada hacia la Península. Su historia representa el drama humano de la conquista española de La Gomera y el destino trágico de sus habitantes originales. El Barranco de Erques, en el sur de la isla, conserva la memoria de este episodio que recuerda el alto precio que pagó el pueblo gomero.

El Pozo de la Aguada
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El Pozo de la Aguada

"La Casa de la Aduana del siglo XVI, antigua residencia condal de San Sebastián de La Gomera, vinculada al aprovisionamiento de agua de Cristóbal Colón."

El Pozo de la Aguada es un edificio del siglo XVI situado en la Plaza de la Constitución de San Sebastián de La Gomera. El historiador Gaspar Frutuoso confirmó su ubicación como antigua residencia condal. La propiedad se fue ampliando con la adquisición de casas vecinas e incluía un jardín considerable. Los historiadores sugieren que la residencia tenía características domésticas más que palatinas. El edificio posiblemente está vinculado al aprovisionamiento de agua de Cristóbal Colón en sus viajes hacia América. Frutuoso documentó «un pozo con agua salobre, el único de la isla, del que todos los navegantes se abastecían». Tras los incendios que asolaron la ciudad, la estructura fue dividida: la parte administrativa permaneció mientras las funciones residenciales se trasladaron. El edificio sirvió posteriormente como casa de aduanas y cárcel, estratégicamente situado para controlar el tráfico comercial. Los aranceles coloniales incluían un 6% sobre las exportaciones y un 3% sobre las importaciones. La construcción original conservó su tamaño hasta 1900, cuando se redujo a aproximadamente un tercio de sus dimensiones originales. El edificio en forma de L conserva un patio claustral con postes de madera y un pozo central.

Leyenda e Historia de la Virgen de Guadalupe
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Leyenda e Historia de la Virgen de Guadalupe

"La patrona de La Gomera fue descubierta según la tradición por marineros que vieron una luz misteriosa emanar de una cueva cerca de Puntallana."

La tradición describe a unos marineros que navegaban hacia América y que avistaron una luz brillante que emanaba de una cueva cerca de La Gomera. Al investigar, descubrieron una pequeña imagen de la Virgen. Cuando intentaron zarpar con ella, el barco fue incapaz de alejarse de la costa de la isla. Tras devolver la imagen y comunicar el hallazgo a las autoridades de San Sebastián, la gente acudió a Puntallana a venerarla y construyeron un cobijo. La Virgen de Guadalupe se convirtió en la patrona oficial de La Gomera durante el siglo XIX, aunque la devoción data de principios del siglo XVI. La conexión se relaciona con los esfuerzos de evangelización castellana en las Américas. El primer Conde de La Gomera, Guillén Peraza de Ayala (1484-1565), mantenía vínculos con un convento extremeño dedicado a esta Virgen, lo que llevó a la construcción del santuario original en Puntallana antes de 1542. A mediados del siglo XIX, el templo requería restauración. A partir de 1871 se estableció la «Bajada Lustral», una procesión marítima única que se celebra cada cinco años, consolidando oficialmente el estatus patronal de la Virgen. Este acontecimiento reúne a gomeros de todo el mundo en una mezcla única de devoción religiosa, folclore y fiesta popular.

Leyenda del Conde de La Gomera y la Dama
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Leyenda del Conde de La Gomera y la Dama

"Una leyenda de 1499, años posteriores a la conquista, sobre el encuentro entre el Conde de La Gomera y una dama de extraordinaria belleza."

Esta leyenda está ubicada en 1499, en los años posteriores a la conquista española de las Islas Canarias. Relata un encuentro entre Doña Rufina Tapia, una noble de extraordinaria belleza, y el Conde de La Gomera. Según la narración, al encontrarse ambas comitivas, el Conde se apeó de su caballo y gentilmente ayudó a la dama a descabalgarse, fascinado por su presencia. La historia narra cómo el poderío feudal del conde se enfrentó a los valores y la dignidad de la nobleza local. Los propios autores de la leyenda reconocen importantes inexactitudes históricas: señalan que el relato probablemente deriva de hechos reales relacionados con el secuestro de Rufina Tapia por el portugués Gonzalo Fernández de Saavedra, aunque la narrativa popular confluyó distintos personajes históricos y períodos en una sola historia. La fotografía histórica «Arenales hacia 1870» del archivo FEDAC acompaña esta leyenda como testimonio visual del paisaje de la época.

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